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| Plantación del botón de oro |
De niño me encantaba visitar los potreros de una pequeña
finca cercana al pueblo donde vivía. En la minihacienda, propiedad de mis tíos,
había de casi todo lo que a un “vejigo” como yo le apetecía.
Por allá, deliciosas guayabas, ciruelas y marañones; más
acá, jugosos mangos, sabrosos caimitos y chirimoyas…ah, y no faltaban las
naranjas y canisteles.
