viernes, 20 de julio de 2012

¿Guinda o cereza?

Una fruta deliciosa
En mi país antaño era muy común encontrar en patios y parcelas el cultivo del árbol del cerezo. Sin embargo, de un tiempo acá la costumbre de sembrar este tipo de planta se ha perdido, a tal punto que muchos jóvenes apenas conocen sus frutos. La política de reforestación que llevan a cabo los organismos encargados de tal programa en Cuba, prevé la plantación de frutales. Luego, es aconsejable que dentro de las variedades de éstos se tenga también en cuenta esta especie de la familia de las Malpiguiáceas.

Y el fundamento para tal opción está en que las cerezas como alimento, además de sabrosas, son muy sanas y digestivas. Entre las virtudes  vale destacar que el jugo es muy rico en vitamina C, a tal punto que en algunos países del área se cultiva a escala comercial para exportar el zumo que luego se utiliza para enriquecer de este componente a los jugos de otras frutas.


Los especialistas le atribuyen  un marcado efecto diurético, en parte por las sales minerales que posee, ricas en potasio, y en parte por los flavonoides. Los derivados salicílicos le confieren al cerezo propiedades febrifugas, analgésicas y antirreumáticas. Además tiene un suave efecto laxante, que se acrecienta en función de la dosis.

En general se puede decir que contiene gran cantidad de azúcar invertido. Por otro lado, está la presencia, aunque en menor medida, de ácido salicílico, materias tánicas, pectinas y un colorante rojo llamado queracianina.

El arbolito frutal se multiplica fácilmente por sus semillas, y se necesita poca atención después de ser trasplantado al lugar definitivo. Fructifica a los dos o tres años.

Además de ingerirse los frutos al natural, se utiliza también en conserva. En esta última modalidad puede fabricarse un sabroso dulce casero, ya sea en cocción con la cereza entera, ya de forma molinada a manera de pulpa. El jugo proporciona un vino de cualidades exquisitas.

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