martes, 19 de enero de 2016

Antioxidante por excelencia, la grosella (IV parte y final)

Conocida también por grosella verde
Si bien las grosellas más famosas son las  rojas, negras y blancas, también por este nombre es conocido el fruto de un árbol, de la familia Euphorbiaceae, que puede alcanzar hasta 9 metros de altura, con la corona esparcida y tupida, las ramas principales ásperas, en general de aspecto parecido al Bilimbi.

Los frutos de la Phyllanthus acidus Skeels, según la denominación científica, se desarrollan densamente, formando espectaculares masas. La cereza es achatada con 6 a 8 costillas, de 3/8 a 1 pulgada (1-2.5 cm) de ancho, de color amarillo pálido a casi blanco cuando está totalmente maduro; ceroso, carnoso, crujiente, jugoso, muy ácido. Fuertemente arraigado en el centro hay un núcleo duro, nervado, que contiene 4 a 6 semillas.


Esta especie se cree que tienen su origen en Madagascar y que de allí se han llevado a las Indias Orientales. En América fue  introducida en Jamaica desde Timor en 1793 y se ha extendido por todas las islas del Caribe, las Bahamas y las Bermudas.

De igual forma ha encontrado un ambiente propicio para su naturalización en el sur de México y las tierras bajas de Centroamérica, y de vez en cuando es cultivado en Colombia, Venezuela, Surinam, Perú y Brasil.

Desde el punto de vista alimenticio, a este tipo de grosella se  le aprovecha la pulpa fundamentalmente. Así, cruda en rodajas, se cubre con azúcar y se deja reposar en la nevera durante un día. El azúcar extrae el jugo y modifica la acidez de modo que el jugo  puede usarse como una salsa.

En Indonesia, la tarta de pulpa, se añade a muchos platos como saborizante. El jugo se utiliza en bebidas frías en las Filipinas. En la cocina de Bahamas remojan toda la fruta en agua salada durante la noche para reducir la acidez, y luego las enjuagan, hierve una o dos veces, desechando el líquido, luego se cuecen con la misma cantidad de azúcar hasta que espese, y se almacenan en frascos esterilizados sin quitar las semillas.

Si se cocinan por tiempo suficiente con abundante azúcar, la fruta y el zumo se tornan en una jalea de color rojo rubí. En Malasia, con frecuencia, los frutos son conservados, en sal o en vinagre. En Filipinas, se usan para hacer vinagre.

En la India e Indonesia, por su lado,  las hojas jóvenes se cuecen como vegetales. Tanto esta parte de la planta como los frutos poseen proteína, grasa, fibra, ceniza y minerales de calcio, fósforo y hierro; además, son ricos en carotenos, tianina, riboflavina, niacina y ácido ascórbico.

La bibliografía consultada da cuenta de que en la India las grosellas se comen como tónico del hígado, para enriquecer la sangre. El sirope lo prescriben de estomático, y las semillas son catárticas. Las hojas, con adición de pimienta, se aplican como apósitos en la ciática, el lumbago o el reumatismo.

Las hojas en decocción pueden utilizarse a modo de sudorífico. Por su lado, debido a la naturaleza mucilaginosa de las hojas, se toman como un demulcente en los casos de gonorrea.

La raíz es drásticamente purgativa y se considera tóxica en Malasia, pero es hervida y el vapor inhalado para aliviar la tos y el dolor de cabeza. Ese mismo componente de la planta, en infusión y dosis muy pequeñas la recomiendan para aliviar el asma.  En uso externo  la raíz es aconsejable  para tratar la psoriasis.



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